lunes 9 de mayo de 2011

Erotismo en el límite de lo decible*.


Existe actualmente un “boom” de información en la red (recuerdo incluso una breve nota publicada en nuestro matutino Las Ultimas Noticias) con respecto al parto orgásmico. ¿Raro? ¿Quién dijo que podrías parir y tener un orgasmo al mismo tiempo? ni siquiera hablarlo pues nadie, dice nada al respecto. El parto duele y se acabó. Si la verdad es que parir tiene una maldición bíblica ¿Cómo entonces estas mujeres dicen que no? Que no les ha dolido que ha sido de lo más placentero, extraño…otras describen un gran e intenso orgasmo. En el mismo diario al que hago referencia, aparecía un experto refiriéndose al tema Un gíneco-obstetra (quien más si no?) hombre por lo demás (quien lea no me acuse de odio a nuestros hermanos varones) pero díganme si no es chistoso que un hombre diga lo que se siente cuando das a luz…plop!

Pues bien esto es información local. Sí, en chile también “se cuecen habas”. Esta nota es parte del numero 53 de la revista Con-spirando revista de Eco feminismo, Espiritualidad y Teología. El número está dedicado al Erotismo y Espiritualidad. Desde este punto de vista María Teresa Aedo Fuentes** escribe esta nota. La reproduzco completamente.

Y espero sus comentarios.

La tarea de reflexionar sobre erotismo y espiritualidad es difícil no solo porque la definición de cada uno de estos términos no está clara sino porque, además, la relación entre estas dos dimensiones es extremadamente compleja. Como demostró Michel Focault, la definición de los conceptos tiene una historia, un contexto cultural, una inscripción en un marco conceptual o sistema de conocimiento y, por tanto, en un “régimen de verdad” y en una red de poder-saber. Por otra parte, la percepción de lo que es erotismo o erótico y de lo que es espiritual o espiritualidad está teñida de subjetividad y depende de las experiencias de vida personales e intimas. El hecho de que estas dos nociones se hayan definido tradicionalmente en occidente en relación con la sexualidad y la teología, ha sido especialmente nefasto para las mujeres, ya que son los dos ámbitos en que con mayor fuerza se han aplicado los mecanismos de vigilancia y control social sobre sus cuerpos, sus espíritus, sus auto-concepciones, sus vidas y sus muertes por parte del poder patriarcal; son los dos ámbitos donde se ha ejercido la mayor violencia física y simbólica sobre las mujeres. Es difícil desentrañar el sentido que tiene para nosotras estas palabras si sus definiciones se han establecido desde la perspectiva y los intereses de los varones, si el lenguaje que designa estas realidades no nos expresa ni nos pertenece, si tanto son los lugares de nuestro deseo como también los lugares de nuestro dolor y frustración, de nuestra rabia y nuestra rebeldía, si son tanto las zonas de nuestra subordinación como de nuestra transgresión. Entonces ¿Cómo hacer del erotismo y la espiritualidad los espacios y vivencias del encuentro con nosotras mismas, de nuestra auto afirmación y no de nuestra auto negación? Dado que remiten, además, a una relación personal con otros o con lo otro –cuestión complicada para nosotras- implica también una redefinición de los otros y de nuestra relación con ellos. Fueron estos planteamientos los que nos motivaron a un grupo de amigas a emprender la búsqueda de una espiritualidad (nombre provisorio) desde nuestra propia experiencia de mujeres, que tenía que ver con nuestra corporalidad y con la desarticulación y reconstrucción ritual de muchos nombres y símbolos de nuestra cultura, tales como “negro”, “bruja”, “luz”, “oscuridad”, etc.

Este abordaje nos llevó a trabajar con los procesos de embarazo y parto para desmedicalizarlos y devolvérselos a las mujeres y sus familias. Vimos que estas vivencias son claves en la vida de las mujeres, donde confluyen todas sus experiencias, toda su psiquis, su cuerpo, su espíritu, sus valores, sus esperanzas, sus dolores, sus negaciones y afirmaciones, sus debilidades y sus fuerzas, sus temores y valentías, sus relaciones consigo misma, con el otro, los otros, lo otro, la vida y la muerte. Y en el momento del parto también todo esto es así para nosotras, las que acompañamos a estas mujeres a parir. ¡Cuánto saber profundo! ¡Cuánto aprendizaje y cuanto desprender hay aquí!

Luego de acompañar todo el largo proceso del parto, al asomarse la cabeza del niño o niña desde el interior del cuerpo de la madre al exterior y escucharle luego llorar sobre su pecho y entre sus brazos ¿habrá quien pueda concebir el parir la vida como recuerdo de una condena, como el signo de un castigo terrible por una culpa originaria e imborrable? ¿habrá quien pueda sostener una dicotomía entre cuerpo y alma, entre materia y espíritu, entre sagrado y profano ante ese instante de advenimiento de la vida entre una mezcla de sangre lagrimas carne risas amor olor dolor?

¿Parirás con dolor?

Cuando nos plantearon una reflexión sobre erotismo y espiritualidad recordamos a varias mujeres que hablaron alguna vez de sensaciones placenteras durante sus partos y lo decían como confesando un secreto, confusas y avergonzadas. Vimos en estas experiencias el cruce de una frontera conceptual, de un límite de la imaginación, la transgresión de una norma moral, de un mandato divino. “pariras con dolor” separa radicalmente el placer de la sexualidad para las mujeres, opone el cuerpo femenino al espíritu y fundamenta su sometimiento. La maternidad queda asociada a la culpa y su única redención es la aceptación de este sufrimiento ¿Cómo es posible desarticular estos significados teológico-morales si nadie puede desmentir que, efectivamente, las mujeres paren con dolor? Pero aquí estaban estas mujeres, de distintas latitudes, “confesando” su placer, que describen como erótico e incluso como orgásmico en el momento en que debían sentir un dolor insoportable y temible, dolor que debían ofrecer para obtener el perdón de todos sus pecados, sobre todo los carnales. Quisimos retomar estos relatos, pedirles a las mujeres que pudiéramos contactar que nos volvieran a relatar su experiencia y que nos escribieran sus testimonios. Ubicamos a tres de ellas y confirmaron sus sensaciones placenteras, una le resto importancia y no quiso escribir, otra no se atrevió a ponerlo por escrito para no ser juzgada y la tercera lo escribió contenta, pero en su versión escrita se autocensura y recorta muchas palabras y detalles que describían su placer y que sí estaban en su relato oral. Con todo, enviamos este testimonio tal como nos fue entregado, pues aun así es muy revelador y desarticulador:

Parto de Andrés, 15 de Julio 1983.

Recuerdo con mucha emoción cada momento vivido, aunque ya han pasado muchos años. Siempre sentí que la preñez era un estado normal y decidí vivirlo de la manera más natural posible. Por lo que estaba tranquila y confiada.

Mi fuente se rompió durante la noche y tuve pequeñas contracciones, así que en la mañana hice los preparativos de último minuto para irme en micro al hospital acompañada de mi hermana. Me ingresaron a las 10:30 y me acosté pacientemente a esperar, transcurrieron aproximadamente treinta minutos cuando una gran contracción estremeció mi cuerpo. No sentí dolor solo nauseas con deseos incontenibles de pujar...me contuve un poco y llame a la enfermera y le dije: estoy lista, ella dudo al verme tan serena, no me creyó.

Yo siempre pensé que un hijo nace con dignidad y valentía, así que invente unas tremendas ganas de orinar y al poner la chata exclamo ¡está coronando, ayudante! Y corrió con la muy camilla hacia el pabellón. Fue el momento más bello, cargado de sentimientos muy agradables. Allí estaba yo disfrutando esta experiencia, si hasta me di el tiempo de mirar mi reloj y eran las 11:15 A.M. cuando mis huesos se separaron se confundieron mis sensaciones entre escozor y placer, y sentí claramente la salida cálida y húmeda de mi bebe.

Se muy bien que me ruborice porque estaba algo confundida y avergonzada en mi intimidad, ya que pensé –parir tiene el encanto de un orgasmo-, y que parirás con dolor era una frase bíblica que no me representaba, pero igual se lo agradecí a Dios.

Nieves I.

Este testimonio es muy iluminador en un punto que nos parece fundamental: la coexistencia de placer y dolor en este tipo de experiencias. No es solo dolor y, a veces, en determinadas circunstancias, dependiendo de donde se ponga el foco de atención, el placer se puede superponer al dolor. ¿De qué depende que así ocurra? No nos queda tan claro. La mujer en este relato demuestra una actitud muy natural y positiva frente al embarazo y parto, pero sabemos que su vida no había sido fácil, pues provenía de una familia con problemas de violencia intrafamiliar, este era su primer hijo, en la época del embarazo y parto su pareja la había abandonado y no tenía trabajo ni recursos económicos; si tenía a su favor el apoyo de su familia y un buen estado físico pues practicaba mucho deporte. Las otras mujeres que entrevistamos, no tenían problemas de pareja pero tampoco tenían tan buen estado físico o tonicidad muscular.

Hay sin duda un componente cultural que suele jugar en contra y algún factor –variable- que puede suspender los condicionamientos culturales y psicológicos para hacer posible la percepción integral de la experiencia. ¡Como quisiera-mos identificarlo! Impresiona la conciencia que tenían todas estas mujeres no solo de estar fuera de una norma biológica sino sobre todo de estar contraviniendo una sentencia divina. sobrecoge esa confusión que revelan por sentirse fuera del ámbito divino, por así decirlo, fuera de la jurisdicción de Dios, como si pertenecieran a una extraña estirpe de mujeres que no cometió el pecado original y que, por tanto, no perdió el paraíso ni fue castigada; pero que igualmente, quizás por eso mismo quedaron lejos de Dios. Se sienten como una suerte de inmigrante ilegal, pasando clandesti-namente a un deter-minado espacio; no fueron registradas por el control oficial, se escabulleron, viven en los márgenes o fuera del control establecido. Fuera de lo pensable o decible. Pero si no cabe en el verbo divino, les asalta la terrible sospecha de que podría ser malo, tal vez maligno. La experiencia de estas mujeres es aun más fuerte que la sexualidad femenina gozosa, es esta no fue objeto de un dictamen divino explicito. Estremece que esa experiencia de lo que podríamos llamar “parto orgásmico” la sientes de todos modos como culpa, menos aceptable y más vergonzante que cualquier otra, pues no lo dirían jamás a un sacerdote en confesión. Es que ni siquiera saben si deberían confesarlo, pese al mandato no están sea objeto de confesión, no está contemplado siquiera entre las posibilidades. Es lo innombrable. O simplemente saben que no serian jamás comprendidas; solo lo podría entender otra mujer.

No queremos negar que el trabajo de parto sea doloroso y agotador, solo queremos rescatar esa vivencias como muestra de que nuestras concepciones sobre lo placentero, lo erótico y lo espiritual pueden ser más estrechas de lo que creemos y que pensarlas desde nuestra experiencia de mujeres requiere de una re-visión de tales experiencias, de las categorías que las designan y de las que les aplicamos. Como hemos conversado, sentimos que pensar y escribir ha estado tan ligado al control y a la censura que impide a las mujeres registrar muchas de sus experiencias más intimas. No obstante tenemos que considerar también que si no logramos decirlas no las haremos visibles y no podremos compartirlas; el mismo lenguaje puede ser además extraordinariamente erótico. Una cosa parece estar clara, y es que todo en la vida humana en eminentemente ambivalente, también el lenguaje, y si queremos nombrar estas experiencias e incluso desmitificarlas, nuestro decir tendrá que expresar esta ambivalencia fundamental.

*este articulo es fruto de una reflexión conjunta con María Teresa Inostroza Henríquez, matrona, integrante y cofundadora del grupo Newen Kushe de Concepción, Chile. Recoge observaciones de su larga experiencia obstétrica y de nuestro trabajo de estos últimos años en preparación y atención de parto natural y en domicilio, como una forma de desmedicalizar los procesos de embarazo y parto reconociendo el saber sobre sus cuerpos de las mismas mujeres y, al mismo tiempo, devolver el protagonismo en estas experiencias a las propias madres, sus parejas y sus familias.

** María Teresa Aedo Fuentes es Doctora en Literatura Latinoamericana, Docente de literatura y Directora de la Dirección Estudios Multidisciplinarios de la Mujer de la Universidad de Concepción, Chile. Es también matrona, integrante y Co fundadora del Grupo Newen Kushe.