
Hace un poco más de dos años atras dia aluz a mi tercer hijo. No fué facil, no por el dolor o el parto mismo sino por las barreras mentales que yo misma tenía. Alguna vez alguien me dijo que si no tienes o no encuentras un maestr@ la vida se encarga de serlo, pero es implacable, y parece que esta persona tenia razón...la vida, mi vida se ha encargado de enseñarme y yo de aprender a trastravillones, pero aprendiendo...Este es el relato de ese parto.
Ahora y contando los dias que faltan para parir a este nuevo ser se los presento intentando entregar poder y darme poder....siento que me esta faltando.

Este era mi tercer embarazo y de mis anteriores dos partos lo único bueno fue ver a mis hijas. Ambas nacieron en hospitales
públicos (con todo lo que eso implica). Por medio de fórceps, por que según me dijeron “no sabía” pujar.
Esta vez quería concretar ese deseo de parir naturalmente, en casa, tranquila y sola. Pero, parecía que esta guagua no quería
nacer o ¿era yo quien temía que lo tan esperado se me escapara una vez más de las manos?
A fines de la gestación pasé varios días con contracciones suaves, muy irregulares de esas lindas. Y nada. Ya pasadas las cuarenta
semanas estábamos en una cuenta regresiva y si no se ponía en marcha el trabajo de parto yo sabía que terminaría otra vez en
un hospital.
Marta, atenta a que mis emociones no se desbordaran y me jugaran en contra. Yo un torbellino. Quería tanto que naciera que
la espera ya me estaba angustiando. Una ayudita de mis agujas para que las contracciones no volvieran a desparecer mientras
dormía, unas gotitas de flores para calmar el mar de mis emociones.
Ya a punto de cumplir 42 semanas, un sábado estuve una hora con contracciones cada 10 minutos, en eso Marta llama y le cuento
lo que pasa, se queda tranquila, me dice que volverá a llamar en una hora más. Un rato más tarde las contracciones habían
desaparecido otra vez. ¡Ha no! Hoy mismo te dejo con trabajo de parto –decía Marta al otro lado del teléfono- si esto no era
ahora tendría que irme al hospital. ¡Horror!
Otra vez. NO.
Estaba asustada, inquieta, y triste. Tratando de mantenerme centrada y atenta, pero era difícil me faltaba conexión. Eso, me sentía
desconectada de mi misma.
Marta llegó a eso de las 19:00 hrs. (creo)
Yo te quiero acompañar desde el principio -dijo- y el corazón se me hizo agua de gratitud.
Deja que el agua fluya. Ábrete, que la tierra te reciba. Eso, eso, la tierra
–Repetía yo en mi cabeza- en el jardín aprovechar las piedritas del suelo para estimular la planta de los pies, cerrar los ojos,
concéntrate en enviar la sensación a la tierra. Fue todo lo que necesité, la confianza en mi se volvió real, las contracciones no se
fueron, pero se amontonaban. El sol ya se iba, sus suaves rayos tocaban mi piel. Las contracciones ya no se fueron.
Mucha concentración en esto, en mi cuerpo. Tuve que dejar a mis niñitas al cuidado de otros y poner mi atención solo en mi (uf!
Nada fácil) nadie ni nada es más importante que yo y este sagrado evento. El sol se fué. El trabajo continuó. Las contracciones se
ordenaron poco a poco. Yo más serena. Tomamos té y pan con palta. Hablábamos y cada vez que aparecía una contracción la Maritza
al suelo, a los pies, a la tierra. Y así pasaron horas. Una vez en la pieza, la luz baja, seguimos conversado, mi hermana, mis niñitas
estuvieron un ratito haciendo de compañía. Cristian ahí conmigo todo el tiempo. Y poco a poco las contracciones se hicieron dolorosas
más largas. ¡Por fin! Ahora sí ésto no se detendrá, pero por si acaso volví a ponerme agujas en puntos de acupuntura para que a
mi olvidadizo cuerpo no olvidara nacer esa noche ¡y funcionó! Todos sonreímos.
Perdí el tiempo. Una o tres de la mañana, me escuchaba gemir, gritar, cantar. Mi boca se abría, yo me abría mi guagüita se deslizaba.
Todo bien. Compresas de romero para aliviar. Calientito, rico.
Ya solo estoy aquí a ratos, mi mente se silencia.
Cada vez se sentía más intenso, ya casi no hablaba. A la tina, esto duele. El agua fue una excelente ayuda, un alivio. Me habría
quedado ahí de no ser por el espacio que no me permitía abrir las piernas. Sentí una fuerte presión, toqué y me pareció que era
su cabeza.
Aire, aire mi cuerpo lo necesitaba y yo le obedecía. No quería salir del agua, sabía que afuera se sentiría más intenso, pero será
para mejor...nacerá.
Y salí del agua. un par de pasos y ya no podía más. ¡AFIRMAME PUES HOMBRE! le grite a Cristian cuando pensé que me caería.
Maritza es abajo, abajo no en tu garganta- decía Marta- (se me olvidaba que la atención es abajo). Otra vez a la tierra. Yo era un
canal y mi sol pujaba por salir. Me abrí y di paso para que se deslizara este suave pez. Aquí está¡ , grande, ¡tremenda guagua!
Escuche que alguien exclamó.
A las 5:20 aproximadamente ese 18 de noviembre en mi casa salio el sol y yo unida a él ya no sentía más dolor, ese del alma el
que duele de verdad. La tercera es la vencida. Nadie me lo sacó. El parto fue mío.
Maritza.
3 comentarios:
Entre tantas letras ya leídas de otras personas, he encotrado en tu relato el mismo sentimiento, así tan poderoso, tan lleno de amor y fuerza, así, tan parecido al mío, cuando llegó mi Mateo...
También, al inicio y cuando me plantearon la idea de que mi hij@ naciera en casa, tuve dudas, (soy médico), inevitablemente las cosas teóricas y la práctica de los años de la escuela hacian poner en duda que mi pequeño llegara a nuestro lado de forma natural... Pero decidí que fuera así, tal como antes, sin medicamentos que entorpecieran lo fisiológico, sin más manos que las que las necesarias y con la compañía de la gente que realmente hacía falta (nada de alumnos, internos o becados ansiosos por sumar un parto más a su "experiencia")... Un inolvidable sábado 7 de Noviembre, después de largas horas de dolor, el más dulce dolor que una mujer puede sentir, llegó mi pequeño Mateo, el momento más maravilloso de mi vida.
También el parto fue mío.
El alumbramiento fluyó como debe ser, por sí sólo y Mateo unido a mí... luego la placenta fue enterrada, sobre ella se plantó un árbol de guanabana... rito hecho por mi amado Leo...costumbre de muchos en Brasil.
Sin dudarlo, quisiera que muchas mamás pudieran sentir que el traer al mundo a un hijo no deba ser un acto hospitalario (si el embarazo ha sido de bajo risgo) sino dejar al propio cuerpo modificarse por sí sólo, no intervenir en absoluto; realmente somos capaces de traernos nosotras mismas a nuestros hijos!!!
Mil gracias por compartir la experiencia!!!!
Milka
Hola, realmente estoy muy emocionada e ilusionada con todo lo que acabo de leer, es realmente alentador darme cuenta de que tan hermoso momento puede ser realmente "Mío" y de mi bebé. Estoy esperándo a mi tercer hijo y la verdad es que he tenido experiencias buenas en mis dos partos anteriores en clínicas privadas, pero la verdad es que mi inquietud y ganas de tener un parto natural en casa o por último uno humanizado en hospital me ha hecho tratar de investigar más sobre el tema. Por esto mismo y como ustedes vivieron la experiencia les quisiera pedir ayuda de sobre QUIÉN realiza los partos en casa, DÓNDE ubicar a una matrona que lo haga etc. Para mí es muy importante y deseo realmente poder hacerlo.
Espero me pudieran ayudar se los agradeceríamos, yo mi bebito y mi marido en el alma.
Cariños y bendiciones
Javiera Opazo
javiera.opazog@gmail.com
Que lindo es poder leer los relatos de las que ya han sido madre y han escogido vivir el parto en forma natural, es emocionante y llena de fuerza interior el saber que se intentavolver a la raíz, desde el nacimiento, crear niños conectados con la pacha mama, y el vínculo con la familia.
Un abrazo Mar!
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